sábado, 30 de noviembre de 2013

La reforma monetaria de Aureliano del 274 d.C.

En el año 274, el emperador Aureliano logró volver a reunificar el Imperio romano tras 15 años de fragmentación. Era, en consecuencia, el primer soberano que contaba con una situación militar lo suficientemente firme como para poder dedicar atención a atacar de raíz el problema del deterioro de la moneda romana mediante una ambiciosa reforma (Como vimos en la entrada anterior, Aureliano ya había comenzado antes a combatir el fraude en la producción de moneda en la ceca de Roma).

La reforma monetaria de Aureliano fue introducida en la primavera del año 274 d.C. Su objetivo era sin duda la reintroducción de un sistema monetario trimetálico (oro, plata y bronce) semejante al existente con anterioridad al descalabro del 260 d.C. y cuyo modelo teórico era probablemente el vigente durante el reinado de Caracalla o antes. La señal de la puesta en marcha del nuevo sistema fue el inicio de la acuñación en las ocho cecas del ahora reunificado imperio de un nuevo antoniniano de mucho mejor calidad que sus inmediatos predecesores. Sin duda, la reforma fue precedida de un período de planificación y organización, necesario, sobre todo, en las cecas de los territorios recientemente recuperados.
Antoniniano con marca XXI

La nueva moneda

La nueva moneda presentaba viarios rasgos notables. En primer lugar, su contenido de plata alcanzaba un promedio de entre el 4,5 y el 5 %, que puede parecer poco pero era mucho más de lo que los romanos habían encontrado en las monedas emitidas en los últimos 10 años. En segundo lugar, se introdujo una nueva técnica en la producción de los cospeles que permitía concentrar el contenido de plata en la superficie, otorgando a la moneda un tono plateado que le daba la apariencia de un mayor contenido de este metal que el realmente presente. En tercer lugar, la nueva moneda se acuñaba con un estándar de peso más alto, que los investigadores modernos sitúan en 1/84 (Bastien) o 1/80 (Estiot) de la libra romana, es decir, entre aproximadamente 3,85 y 4,05 gr. Finalmente, también representaba una indudable mejora en la calidad estética respecto de la producción de las cecas romanas de los últimos años, pues era acuñada con cuños delicadamente grabados con excelentes retratos del emperador y atractivos reversos.

Algunos autores llaman a esta nueva moneda “aureliano” o, más correctamente, “aureliniano” pero el hecho es que no sabemos cómo era designada en su tiempo. Por otra parte, antes que la introducción de algo nuevo, el objetivo de la medida era, como ya se señaló -conforme a un rasgo típico de la mentalidad romana-, la recuperación de un pasado que se consideraba virtuoso.
Antoniniano con marca KA

Algunos ejemplares del nuevo antoniniano se distinguen por llevar en el exergo del reverso la marca numeral XXI, que en algunos casos aparece en griego (KA). Pizas acuñadas en Siscia se distinguen por llevar un pequeño punto entre XX y I, que generalmente se interpreta como una prueba de que se ha querido representar dos cifras, 20 y 1. El significado de esta marca no ha podido ser dilucidado de manera concluyente, pero las dos tesis más aceptadas son: a) la que ve en la misma una referencia al contenido de plata de la moneda 20:1, es decir, un 5%, que como vimos es el porcentaje real aproximado b) la que lo interpreta como una marca de valor que señala una equivalencia de la moneda con 20 sestercios, es decir, 5 denarios (posición defendida por Kenneth Harl). Personalmente, considero a esta segunda mucho más probable. Esto indicaría que la reforma implicó una retarifación de las monedas, pasando el nuevo antoniniano a valer 5 denarios en lugar de 2. Esta medida era la que hacía a la reforma ventajosa para el fisco y permitía compensar el alto costo del mejoramiento de la moneda.
Denario de Aureliano

Las otras denominaciones y la puesta en marcha del nuevo sistema

Junto con el nuevo antoniniano se acuñaron también una serie de fracciones, la más importante, un pequeño denario laureado con la leyenda VSV(alis). También se acuñaron, tras un lago intervalo, nuevamente sestercios, dupondios y asses pero solamente en la reabierta ceca de Roma y en pequeñas cantidades. Parece claro que se trataba de un tributo simbólico al viejo sistema de denominaciones romano antes que de emisiones destinadas a cumplir un papel económico efectivo.


La introducción de las nuevas monedas implicó, necesariamente, la desmonetización del viejo circulante y ello es confirmado por el testimonio del historiador Zósimo. El objetivo de la medida era lograr nuevamente la unidad monetaria del imperio, remplazando las monedas locales acuñadas por los imperios gálico y palmireno. El remplazo en un período relativamente breve de tiempo de todo el circulante implicó la producción a gran velocidad de decenas de millones de los nuevos antoninianos. Esto fue posible gracias a una previa reorganización de las cecas de todo el imperio que impuso criterios y procedimientos de producción estandarizados, reconocibles en el uso más regular que comienza a hacerse a partir de este momento de las marcas de ceca y oficina.

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