viernes, 21 de febrero de 2014

¿Cómo se producían las monedas en la Antigüedad?

Herramientas utilizadas en la producción de monedas en época romana, de una tumba en Alejandría

La moneda es prácticamente el único artefacto que en el mundo antiguo se produjo en una escala que puede llamarse “industrial”, es decir, decenas y hasta cientos de millones de ejemplares. A pesar de ello, las técnicas de producción fueron marcadamente artesanales y rudimentarias, con un recurso mínimo a la tecnología.


Si bien las monedas también se fabricaron en ocasiones por fundición en moldes, lo más común era la acuñación por golpe. El proceso era, por supuesto, completamente manual. Sobre la producción de los flanes ya he tratado en otra entrada. Cuando éste ya estaba listo, todavía caliente o recalentado para que fuera más maleable, se lo tomaba con una pinza y se lo colocaba sobre el cuño de reverso que, normalmente, se encontraba fijado en un yunque. A continuación, otra persona (podían ser dos) colocaba y sostenía encima el cuño de reverso con la mano o con unas tenazas, mientras un tercero golpeaba encima de éste con un martillo y un cuarto retiraba, finalmente, la moneda terminada para que el proceso comenzara a repetirse desde el comienzo. Lo normal era utilizar dos cuños, sólo algunas monedas etruscas fueron golpeadas de un único lado dejando el otro plano (como las de Populonia sobre las que traté en otra entrada).

Como resultado de este proceso, las monedas antiguas tienden a presentar una superficie convexa en el anverso y cóncava en el reverso, aunque en las monedas del período helenístico y romano ello sea prácticamente imperceptible. También era frecuente que el cospel o el cuño de reverso no se colocaran correctamente, resultando en ejemplares descentrados. Cuando era necesario dar más de un golpe para que se grabaran bien los tipos, las diferentes impresiones generalmente no coincidían, originando una imagen con doble contorno.
 Cuños de la época de Augusto, hallados en Calahorra, España

La frecuencia de este tipo de errores demuestra que se colocaba el énfasis en la velocidad de la producción antes que en la calidad. Se calcula que un equipo de este tipo podría producir una moneda en unos tres segundos. Parece obvio que para mantener ese ritmo a lo largo del tiempo era necesario recambiar permanentemente a quienes operaban el martillo, que era la tarea físicamente más demandante, por lo que el equipo sería más numeroso.

Por supuesto, todo el proceso podía ser realizado por una sola persona pero ello lo hacía muy lento. Lo habitual, por lo menos en las cecas del Imperio Romano, era que un grupo de personas actuaran en conjunto formando un pequeño equipo y aplicando una rudimentaria división del trabajo entre ellos que incrementaba la productividad. La evidencia de esto proviene tanto de las monedas mismas como de algunas inscripciones latinas que mencionan los diferentes tipos de obreros especializados que trabajaban en las cecas del imperio.


Cuños montados en tenaza

Con la producción estaban involucrados directamente los suppostores: que colocaban la moneda para que fuese acuñada y los malleatores, que eran quienes golpeaban los cuños con el martillo. Para aumentar el volumen de producción, una ceca podía contar con varios de estos equipos operando paralelamente. Una innovación del Bajo Imperio fue la unión de los cuños en una tenaza articulada, lo que simplificaba y aceleraba el proceso y permitía, por supuesto, una mayor velocidad de producción.



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